CANTO DE ENTRADA: Noche de paz

LA NOCHE QUE UNE EL CIELO Y LA TIERRA

«El Señor me dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy…» (Antífona de Entrada, Sal 2,7)

«Señor Dios, que hiciste resplandecer esta noche santísima con la claridad de Cristo, luz verdadera, concede a quienes hemos conocido los misterios de esa luz en la tierra, que podamos disfrutar también de su gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos….» (Oración Colecta)

INICIO DE LA CELEBRACIÓN EN TORNO A LA CORONA DE ADVIENTO

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles.

Todos: Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Guía: Envía tu Espíritu creador.

Todos: Y renueva la faz de la tierra.

Guía: ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Todos: Amén.

BIENVENIDA

Guía: Hoy celebramos que Jesús, la luz del mundo, ha nacido y quiere habitar en nuestro corazón y en nuestra familia. Es una noche para vivir con alegría, agradecimiento y fe profunda, porque Dios se hace Niño por amor a nosotros.

Señor Jesús, hoy encendemos la vela blanca, que eres Tú, nuestra luz, y te damos gracias porque has venido al mundo para salvarnos, para hacernos hijos del Padre y para llenarnos de tu luz y tu amor.

(Se enciende la vela blanca)

Jesús, Niño Dios, entra en nuestro hogar y en nuestro corazón. Que tu presencia nos ilumine, fortalezca nuestra fe y renueve nuestra vida.

Virgen María, Madre del Niño Dios y Madre nuestra, enséñanos a recibir a Jesús con un corazón humilde y dispuesto, a guardarlo en nuestro hogar y a vivir con la alegría de su llegada.

San José, custodio fiel del Redentor, intercede para que nuestra familia viva unida, llena de amor, paz y confianza en Dios. Que tu ejemplo de silencio, trabajo y entrega nos ayude a hacer de nuestro hogar un pequeño Belén que custodie al hermoso Niño Dios.

PALABRA DE DIOS

Guía: Escuchemos la palabra de Dios.

Lector: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (LC 2: 1-14)

Todos: Gloria a Ti, Señor.

Lector: Hoy nos ha nacido el Salvador.

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”. De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”

Lector: Palabra del Señor…

Todos: Gloria a Ti, Señor, Jesús.

REFLEXIÓN

Guía: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy». La Iglesia comienza la liturgia de la Noche Santa con estas palabras del Salmo segundo que pertenecían, originariamente, al rito de la coronación de los reyes de Israel. En el libro del profeta Isaías se presenta de manera todavía más clara el mismo proceso en una situación de turbación y amenaza para Israel: «Un hijo se nos ha dado: lleva sobre sus hombros el principado» (Is 9,5). La toma de posesión del rey es como un nuevo nacimiento por decisión personal de Dios y constituye una esperanza. El futuro recae sobre sus hombros. Él es el portador de la promesa de paz. En la noche de Belén, esta palabra profética se ha hecho realidad. Sí, ahora es realmente un niño el que lleva sobre sus hombros el poder. Es la Palabra Eterna de Dios, que une la humanidad y la divinidad. Para este niño valen los títulos: Consejero admirable, Dios poderoso, Padre por siempre, Príncipe de la paz (Is 9,5). Precisamente en la debilidad como niño, Él es el Dios fuerte que nos muestra, frente a los poderes presuntuosos del mundo, la fortaleza propia de Dios… El cumplimiento de la palabra que da comienzo en la noche de Belén es a la vez inmensamente más grande y, desde el punto de vista del mundo, más humilde que lo que la palabra profética permitía intuir. Es más grande, porque este niño es realmente Hijo de Dios. Ha quedado superada la distancia infinita entre Dios y el hombre. Este niño es verdaderamente el Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Su reino se extiende realmente hasta los confines de la tierra. El Evangelio de San Lucas nos relata que una multitud de ángeles alababa a Dios (Lc 2,14). A lo largo de los siglos, el canto de los ángeles se ha convertido siempre en un nuevo canto de amor y alegría. En esta hora, nosotros nos asociamos, llenos de gratitud, a este cantar de todos los siglos, que une cielo y tierra. Sí, Señor y Dios nuestro, te damos gracias por tu inmensa gloria. Te damos gracias por tu amor. Haz que seamos cada vez más personas que aman como Tú y contigo y, por tanto, personas de paz. Amén.

Guía: Compromiso: La Navidad es un encuentro con el amor incondicional de Dios, que nos desafía a cambiar nuestra perspectiva de la vida. En el pesebre, vemos la grandeza de un Dios que nos ama sin reservas y que nos muestra que la verdadera gloria está en el servicio y la entrega.

En esta Navidad vivamos con una fe renovada, siendo testigos del amor de Cristo. Que la sencillez del pesebre nos inspire a ser portadores de paz y esperanza, y que en cada rincón del mundo, el mensaje de la Navidad sea un recordatorio de que Dios está con nosotros, guiándonos hacia un futuro lleno de luz y reconciliación.

Guía: Elevemos ahora nuestras peticiones al Señor, respondiendo a cada una de ellas: «Recuérdanos, Señor, tu gloriosa venida.»

Lector: *Para que los que celebran hoy con alegría el misterio de la Navidad, renazcan a una nueva vida de justicia, de amor y de paz, roguemos al Señor… Todos: Recuérdanos, Señor, tu gloriosa venida.

*Para que todos los hombres lleguen a conocer a Cristo, el Señor, y se reúnan alrededor del que ha venido a buscar y a salvar a los que estaban perdidos, roguemos al Señor… Todos: Recuérdanos, Señor, tu gloriosa venida.

*Para que el Hijo de Dios, que ha querido compartir nuestra naturaleza humana, dé alegría a los que lloran, salud a los enfermos, ayuda a los moribundos y consuelo a los que en estas fiestas se sienten solos y tristes, roguemos al Señor… Todos: Recuérdanos, Señor, tu gloriosa venida.

*Para que crezca en nuestras familias, reunidas en estas fiestas, la fe en Jesús, Hijo de Dios y Salvador nuestro, roguemos al Señor… Todos: Recuérdanos, Señor, tu gloriosa venida.

Lector: Señor Jesucristo, que por el misterio de la Navidad has querido compartir las fatigas y limitaciones de la familia humana, escucha nuestras oraciones y haz que arraigue en nosotros la certeza de que la vida eterna consiste en conocer al Padre y en aceptarte a ti como su Enviado, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

Guía: En el marco del Jubileo 2025, oremos:

Todos: Padre Eterno, Dios de amor y misericordia, en esta noche santa celebramos el nacimiento de tu Hijo Jesucristo, nuestra alegría y nuestra esperanza. Te agradecemos por este don inmenso que ilumina el Jubileo 2025 y renueva nuestra relación contigo, con el prójimo y con toda la creación. Señor, así como en Belén, nace hoy en nuestros corazones. Te pedimos que la gracia de este Año Santo reavive nuestra fe, acreciente nuestra esperanza y encienda en nosotros la llama de la caridad, para que seamos verdaderos testigos de tu amor. Concédenos, oh Dios, la paz de nuestro Redentor, que vence las tinieblas del mal y la desesperanza. Que tu luz brille en los que sufren, en los pobres, en los prisioneros, en quienes no tienen esperanza, y en nuestra propia familia. Haz que, como peregrinos de esperanza, podamos llevar tu alegría y tu paz a donde se ha perdido, y que al abrir la puerta de nuestro corazón a Jesús, Él transforme nuestras vidas y el mundo. Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Salvador, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

DESPEDIDA

Guía: Señor Jesús, que esta vela blanca ilumine nuestra Navidad y nos recuerde que Tú ya estás aquí, que has nacido para nosotros y que vienes a traer vida nueva. Te recibimos con alegría, te arrullamos con amor y te pedimos que te quedes para siempre en nuestra familia.

Todos: Amén.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

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