CANTO DE ENTRADA: Hoy se enciende una llama.

HAN LLEGADO LOS TIEMPOS MESIÁNICOS

«Estén siempre alegres en el Señor, les repito, estén alegres. El Señor está cerca.» (Antífona de Entrada, Flp 4, 4-5)

«Dios nuestro, que contemplas a tu pueblo esperando fervorosamente la fiesta del nacimiento de tu Hijo, concédenos poder alcanzar la dicha que nos trae la salvación y celebrarla siempre con vivísima alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos..» (Oración Colecta)

INICIO DE LA CELEBRACIÓN EN TORNO A LA CORONA DE ADVIENTO

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles.

Todos: Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Guía: Envía tu Espíritu creador.

Todos: Y renueva la faz de la tierra.

Guía: ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Todos: Amén.

BIENVENIDA

Guía: Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio de la llegada de nuestro Señor. Se acerca la gran fiesta de Navidad, la fiesta del Nacimiento de Jesús en Belén y en nuestros corazones. Preparémonos a recibir a nuestro Salvador reuniéndonos en torno a esta corona.

(Se enciende la tercera vela)

Que al ir encendiendo cada una de sus velas se disipen las tinieblas del pecado y comience a clarear la luz de tu presencia en nuestras almas. Que por el espíritu de oración, penitencia y sacrificio, la caridad en nuestra vida nos prepare para recibirte y anuncie a los que nos rodean tu presencia entre nosotros.

PALABRA DE DIOS

Guía: Escuchemos la palabra de Dios.

Lector: Lectura del Santo Evangelio según San Juan (Jn 1, 6-8 y 19-28)

Todos: Gloria a Ti, Señor.

Lector: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”. Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: “¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se los aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él”.

Lector: Palabra del Señor…

Todos: Gloria a Ti, Señor, Jesús.

REFLEXIÓN

Guía: En este tercer domingo de Adviento, la liturgia propone un pasaje de la Carta de Santiago, que comienza con esta exhortación: «Tengan, pues, paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor» (St 5, 7). Es muy importante, en nuestros días, subrayar el valor de la «constancia» y de la «paciencia», virtudes que pertenecían al bagaje normal de nuestros padres, pero que hoy son menos populares en un mundo que, más bien, exalta el cambio y la capacidad de adaptarse a situaciones siempre nuevas y distintas. Sin quitar nada a estos aspectos –que también son cualidades del ser humano– el Adviento nos llama a potenciar la tenacidad interior y la resistencia del alma que nos permiten no desesperar en la espera de un bien que tarda en venir, sino esperarlo, es más, preparar su venida con confianza activa. La comparación con el campesino –que espera con paciencia el fruto precioso de la tierra (St 5, 7-8)– es muy expresiva: quien ha sembrado en el campo, tiene ante sí algunos meses de espera paciente y constante, pero sabe que mientras tanto la semilla cumple su ciclo, gracias a las lluvias de otoño y de primavera. El agricultor no es fatalista, sino modelo de una mentalidad que une de modo equilibrado la fe y la razón, porque, por una parte, conoce las leyes de la naturaleza y hace bien su trabajo y, por otra, confía en la Providencia, puesto que algunas cosas fundamentales no están en sus manos, sino en manos de Dios. La paciencia y la constancia son precisamente por eso una síntesis entre el empeño humano y la confianza en Dios. «Fortalezcan sus corazones» (Is 35, 3), dice la Escritura. ¿Cómo podemos fortalecer nuestros corazones, ya de por sí frágiles e inestables, a causa de la cultura en la que estamos sumergidos? La ayuda no nos falta: es la Palabra de Dios. De hecho, mientras todo pasa y cambia, la Palabra del Señor no pasa. Si las vicisitudes de la vida hacen que nos sintamos perdidos y parece que se derrumba toda certeza, contamos con una brújula segura para encontrar la orientación, tenemos un ancla poderosa para no ir a la deriva.

Guía: Compromiso: Pongámonos en presencia de Dios y meditemos: En el contacto con Dios, a través de la oración nos damos cuenta de lo que aún tenemos que cambiar. La conversión es un proceso de todos los días, y tiene sólo un límite: el ser perfectos como nuestro Padre Celestial es perfecto.

Guía: Elevemos ahora nuestras peticiones al Señor y respondamos a cada una de ellas, diciendo: “Ven, Jesús, no tardes.”

Lector: *Para que con la tutela divina nuestros tiempos sean tranquilos y nuestra vida, feliz, roguemos al Señor… Todos: Ven, Jesús, no tardes.

*Para que el Señor, con su venida, cure los dolores de los enfermos, dé paz y alegría a los que no la tienen y libre al mundo de todos los males, roguemos al Señor… Todos: Ven, Jesús, no tardes.

*Por nuestra familia, para que a ejemplo de la familia de Nazaret vivamos el amor mutuo y nos preparemos para la venida de Jesús, roguemos al Señor… Todos: Ven, Jesús, no tardes.

*Para que Santa María aliente nuestros pasos en este Adviento, y sea Ella quien nos enseñe a crecer en confianza y esperanza en la venida del Salvador, roguemos al Señor… Todos: Ven, Jesús, no tardes.

Guía: En el marco del Jubileo 2025, oremos:

Todos: “Te agradecemos, oh Dios, por todos los bienes y dones recibidos. En este Jubileo, enséñanos a reconocer tu mano en todo momento de nuestra vida, acogiendo cada día como un don de tu amor y de tu misericordia.” Amén.

DESPEDIDA

Guía: Señor, gracias por reunirnos una vez más en torno a esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos: Amén.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

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