Canto de Entrada: Hoy se enciende una llama…

EL SEÑOR VIENE…

«Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.» (Oración Colecta)

INICIO DE LA CELEBRACIÓN EN TORNO A LA CORONA DE ADVIENTO

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles.

Todos: Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Guía: Envía tu Espíritu creador.

Todos: Y renueva la faz de la tierra.

Guía: ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Todos: Amén.

BIENVENIDA Y BENDICIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO

Guía: Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio de la llegada de Nuestro Señor. Se acerca la gran fiesta de Navidad, la fiesta del nacimiento de Jesús en Belén y en nuestros corazones. Preparémonos a recibir a nuestro Salvador reuniéndonos en torno a esta corona. Bendice Señor esta corona, que sea para nosotros medio para preparar nuestra alma para recibirte. Que al ver su forma veamos que tú, Dios eterno, eres el principio y fin de todo cuanto existe y su verde follaje nos recuerde la esperanza de llegar a recibirte.

(Se enciende la primera vela morada)

Que al ir encendiendo cada una de sus velas se disipen las tinieblas del pecado y comience a clarear la luz de tu presencia en nuestras almas. Que por el espíritu de oración, penitencia y sacrificio, la caridad en nuestra vida nos prepare para recibirte y anuncie a los que nos rodean tu presencia entre nosotros.

PALABRA DE DIOS

Guía: Escuchemos la palabra de Dios.

Lector: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13, 33-37)

Todos: Gloria a Ti, Señor.

Lector: “Estad alerta, ya que no sabéis cuándo será el tiempo”.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!”

Lector: Palabra del Señor.

Todos: Gloria a Ti, Señor, Jesús.

REFLEXIÓN

Guía: Empezamos a vivir el tiempo de adviento. Hoy abordaremos sobre la promesa de Jesús de su regreso.

Mucho podemos decir de esto. Habrá una segunda venida en gloria y majestad de parte de Jesús al final de la historia. Sin embargo, el texto de Marcos no sólo lo podemos entender en este sentido. No pensemos solamente en el Juicio Universal sobre vivos y muertos, en el cual todos seremos examinados en el amor, sino también en la permanente llegada de Jesús a nuestra vida. No podemos pensar el texto de Marcos desde el miedo y el temor.

La verdadera fe nos hace pensar que después del misterio de la Pascua, la presencia de Jesús en el mundo, si bien no es la misma, sí es permanente. Con esto queremos decir que el Evangelio de hoy se dirige a estar atentos a aquellos lugares, algunos insospechados de nuestra vida, en los cuales Jesús se nos puede manifestar y salir a nuestro encuentro.

No se trata de un Evangelio que nos inspira miedo, sino en un mensaje de esperanza de parte de Jesús a estar siempre atentos y “no dormirnos en los laureles”, no bajar los brazos, no dejar de luchar. Y nos hace pensar que adviento significa “llegada”. Y la llegada exige espera. Este texto del Evangelio que meditamos hoy nos pone en esa frecuencia. Como cristianos muchas veces no estamos acostumbrados a saber esperar. Queremos todo ya, ahora, hoy, inmediatamente. Queremos todo de acuerdo a nuestros propios tiempos y a nuestra propia medida, según nuestro propio interés.

Es por ello que el Evangelio de hoy tiene una actualidad sobresaliente. Nos adentra en nuestro propio estilo de vida y nos pide que lo revisemos. Nos invita a pensar el adviento como un tiempo de saber esperar en la esperanza. Saber esperar es un arte. Es uno de los mayores actos de confianza que podemos hacer. Porque esperamos en otro y de otro. Le delegamos a otro el poder y la llegada de las cosas que pedimos y esperamos. Confiamos no sólo que el otro existe, sino que nos podemos vincular con él. ¡Y más aún cuando se trata de Dios! Saber esperar es saber fiarse de la Palabra que Jesús nos da como promesa del Padre y por la fuerza del Espíritu. Y no es una actitud pasiva. La espera es altamente activa. El que espera no es el que se resigna y baja los brazos. No es al que todo le da lo mismo en el contexto de la desesperanza. Saber esperar consiste en estar permanentemente abierto a dejarnos sorprender por Dios en lo cotidiano y ordinario de nuestra vida. Es dejarnos asombrar por Jesús, que no sólo vendrá al final de los tiempos sino que sale a nuestro encuentro de manera permanente, especialmente en nuestros hermanos más pobres y desahuciados.

Saber esperar nos hace salir de la compulsividad del pedirle permanentemente cosas a Dios para entrar más bien en una actitud activa de escucha y discernimiento de aquellos lugares en los que Dios habita nuestra vida. Sólo nos falta a veces descubrirlo.

Guía: Propósito

¡Ojalá que le abramos la puerta a Jesús y le dejemos entrar a nuestra casa esta Navidad! Tenemos cuatro semanas de Adviento para preparar nuestra alma.

Guía: Pidamos al Señor que fortalezca nuestra fe en este tiempo y elevemos nuestras peticiones con confianza. Respondemos a cada petición: “Por intercesión de tu Madre, escúchanos”.

(Peticiones libres)

Guía: En el marco del Jubileo 2025, oremos:

Todos: Oh Padre, en tu misericordia, escucha las súplicas de tus hijos.

En este Jubileo 2025, renueva nuestra fe y acrecienta en nosotros la esperanza y la caridad, ayudándonos a ser testigos de tu amor en el mundo. Amén.

DESPEDIDA

Guía: Señor, gracias por reunirnos una vez más en torno a esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos: Amén.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

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